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Tsunami Económico


La catástrofe de Japón es una amenaza para la recuperación económica mundial. La incertidumbre ronda los mercados del planeta.

Con el tsunami de Japón, el imperio del sol naciente, la economía mundial podría estar entrando en una larga y oscura noche. El devastador maremoto no solo ha dejado consecuencias humanitarias sin precedentes, sino que ha abierto enormes interrogantes sobre el porvenir en materia financiera para el resto del planeta.

Las razones son varias. Primero, se trata de una de las catástrofes más duras y costosas en la historia de la humanidad: afectó a 12 millones de personas, 10% de la población japonesa y el número de víctimas fatales podría estar por encima de los 10.000.

Según la firma Credit Suisse, especializada en análisis de riesgos y costos de desastres, las pérdidas totales probablemente excederán los US$170.000 millones, muy por encima del sismo de Kobe (Japón) en 1995, que tenía el primer puesto en el ranking de los peores desastres naturales. Uno de los rubros más importantes serán los US$35.000 millones que tendrán que pagar las aseguradoras, pues la catástrofe afectó viviendas, vehículos, instalaciones industriales y de servicios e infraestructura representada en carreteras y aeropuertos. Esto impacta industrias muy importantes como la de seguros y reaseguros y, como veremos, tiene incidencia en la política monetaria mundial.

Pero el único problema no es que el terremoto haya pasado una cuantiosa cuenta de cobro. El sistema productivo japonés, el tercero más grande del mundo, se resintió gravemente. Fueron cerradas importantes plantas de firmas como Toyota, Honda, Nissan y Sony, y sectores completos como el siderúrgico están hoy paralizados. Otras grandes compañías del mundo, como General Electric, han sentido el impacto, pues tienen plantas en la isla.

Esto significa un golpe para la incipiente recuperación económica. Japón estaba dejando atrás los fantasmas de la deflación, gracias a que su industria y sus exportaciones volvían a tomar la senda del crecimiento. El PIB nipón aumentó el año pasado 4,3%, según el FMI, el mejor registro de los últimos 20 años.

Además, las averías de plantas eléctricas como Onagawa, Fukushima Daina y Fukushima Daiichi (que podrían terminar en una catástrofe nuclear) golpean duramente la industria. Actualmente hay solo 55 plantas activas, que generan apenas una tercera parte de la energía que consume el archipiélago. Mientras no se resuelva la amenaza nuclear, será difícil cuantificar el impacto total del desastre y muchos sectores económicos no podrán reiniciar su marcha. El tiempo ha empezado a jugar en contra de los japoneses: si se pierde confianza entre los consumidores y los empresarios sobre la capacidad de su gobierno para enfrentar la situación, habría una nueva contracción de la economía en el segundo trimestre del año. Esto va a agravar el estado de la banca japonesa, lo que preocupa profundamente al sistema financiero europeo y estadounidense.

Cuentas no tan claras

Los analistas internacionales están preocupados porque Japón no tiene mucho margen de maniobra para financiar la reconstrucción. El déficit fiscal alcanza 10% del PIB y la deuda pública llega a 200%. Por eso, el principal interrogante es de dónde van a salir los recursos.

El Banco Central de Japón anunció una inyección de liquidez a la economía de unos 15 billones de yenes (US$275.000 millones) y mantuvo las tasas de interés (0%-0,1%). El gobierno ha dicho que se dispone a diseñar el presupuesto de emergencia para afrontar la crisis.

La financiación de ese presupuesto tiene dos posibilidades: subir los impuestos o vender reservas internacionales. Si es lo primero, podría impactar la ya golpeada economía japonesa. Si es lo segundo, generaría una revaluación del yen, que afectaría la industria exportadora que tiene un gran peso en su economía.

Otra opción es salir a vender activos en otras monedas, como, por ejemplo, títulos del tesoro americano. Esto le crearía un problema a la Reserva Federal de los Estados Unidos, pues le obligaría a subir más rápido los intereses, frenando la recuperación de la economía gringa. Allí el problema se volvería mundial.

Un coletazo sobre la economía planetaria tiene que ver con una eventual caída en la demanda japonesa. Eso tendría un efecto a la baja sobre el precio de los commodities. Japón es un gran importador de productos agrícolas, como trigo -el mayor consumidor del mundo-, soya, cebada, avena, maíz, entre muchos otros.

De otro lado, la economía nipona es uno de los mayores productores de energía nuclear del planeta, después de Francia y Estados Unidos. Los precios del petróleo, el gas y el carbón podrían aumentar en el mediano plazo, si el mundo mira con temor la generación eléctrica nuclear, que hoy representa el 6% de la energía mundial.

A lo anterior se sumaría el impacto monetario. La inyección de más de US$275.000 millones podría no solo golpear el yen, sino generar un efecto de carry trade: los inversionistas se endeudan a bajas tasas en Japón para invertir en otros lados.

También hay preocupación acerca del manejo que Japón haga de la deuda y las reservas. Buena parte de los pasivos financieros está concentrada entre 2011 y 2015 y, si se presentan problemas refinanciándose, se vendrían grandes dificultades para la economía mundial. Grecia, Irlanda y Portugal son problemas minúsculos al lado de lo que sería un problema en el financiamiento de un país como Japón.

Los problemas de la economía nipona no son de exclusivo resorte de las autoridades japonesas. El tsunami representaría un duro golpe a la producción mundial o, por lo menos, frenaría la recuperación que traía.

Japón se acostumbró a superar desastres. El más importante de ellos, tras la Segunda Guerra Mundial, que terminó con la tragedia atómica de Hiroshima y Nagasaki. Han tenido que resurgir de las cenizas con una economía prácticamente en la ruina. Convirtieron a su país en la segunda economía del mundo, puesto que mantuvieron hasta hace unos meses, cuando China los desbancó. Hoy, muchos se preguntan si los japoneses podrán superar rápidamente este siniestro momento.

Las pérdidas aseguradas por el terremoto que sacudió a Japón podrían alcanzar los 35.000 millones de dólares


El terremoto que ha asolado a Japón, el mayor registrado de la historia del país, cifrado en 8,9 grados en la escala de Richter por los medidores nipones y por el Instituto Geológico de Estados Unidos, es el cuarto mayor por intensidad de los que se tiene registro.

Según los primeros cálculos preliminares de Air WorldWide, podría haber causado pérdidas en bienes asegurados de entre 15.000 y 35.000 millones de dólares, aunque “dada la magnitud del terremoto que sacudió Japón hace tres días, aún es muy pronto para evaluar las consecuencias”. Jayanta Guin, vicepresidente senior de Investigación y Modelización de la firma, concreta que “los esfuerzos de búsqueda y rescate todavía están en marcha y la evaluación de los daños apenas ha comenzado, mientras que la incertidumbre sigue siendo considerable en los parámetros sísmicos que definen el evento”.

De acuerdo con Air WorldWide, la penetración de la cobertura frente a terremotos en Japón es relativamente baja, situándose entre el 14%-17% a nivel nacional.

Por su parte, según los datos de Eqecat recogidos por El País, el total de daños económicos generales causados por el seísmo podría ascender a unos 100.000 millones de dólares. Según el informe de esta firma, las pérdidas derivadas del terremoto siguen aumentando conforme evoluciona la situación y se producen daños adicionales por efectos relacionados con el seísmo, como incendios o incidentes en plantas nucleares.

Las provincias del litoral oriental más afectadas por el terremoto y posterior tsunami son Ibaraki, Tochigi, Miyagi, Iwate y Fukushima, donde el daño causado a las viviendas superará los 20.000 millones de dólares. Los perjuicios en instalaciones comerciales y en la industria automovilística -Honda, Toyota, Suzuki y Nissan están cerradas- y en la tecnológica -como Sony, que no ha abierto sus fábricas-, suman casi 10.000 millones de dólares. Las infraestructuras dañadas suman 30.000 millones, a lo que hay que añadir las pérdidas de 14.000 millones por perjuicio causado en instalaciones de puertos y de barcos.

Eqecat considera que todavía es pronto para determinar cuál será el impacto en bienes asegurados.

El sismo podría cambiar las tendencias del mercado

Considerado el siniestro más devastador sufrido por el país desde Hiroshima, esta catástrofe podría cambiar el mercado actual del Reaseguro.

SWISS RE y MUNICH RE afirmaron el viernes que, por ahora, su exposición al siniestro no se puede cuantificar hasta que la devastación se valore con más concreción. También HANNOVER RE afirma que no puede estimar inmediatamente sus pérdidas por el siniestro, aunque sí adelanta que el mercado dará un giro decisivo. “El terremoto impactará de forma decisiva en el mercado”, explica a Business Insurance una fuente del grupo alemán. Detalla que “cambiará los precios en Japón” y, además, “podría también tener consecuencias sobre la capacidad mundial del Reaseguro y generar un cambio en el mercado”.

De momento lo que sí se ha dejado sentir es la respuesta de los mercados bursátiles. En la sesión del viernes, de las 20 principales compañías del sector asegurador sólo tres consiguieron cerrar en positivo la sesión. La más afectada fue MUNICH RE, cuya cotización cayó más de un 4%.

Por su parte, Dominic Christian, CEO de AON BENFIELD, señala que pasarán semanas, e incluso meses, hasta que la industria pueda hacer un análisis completo de las pérdidas en Japón. “Uno de los problemas más difíciles es juzgar el papel de las pérdidas correspondientes a los seguros individuales, y los perjuicios sufridos en los grandes precios industriales o comerciales”, comentó.

Fuente: Boletín Diario de Seguros de América Latina

Casi 200 operarios tratan de contener la fuga radioactiva de Fukushima-1


La empresa que gestiona la central nuclear de Fukushima-1 ha informado de que se está bombeando agua a los reactores 5 y 6 de la planta, hasta ahora los menos problemáticos, para enfriar ambos núcleos. Sin embargo, la principal prioridad sigue siendo el reactor 3, el único de la planta en el que se utiliza plutonio, mucho más nocivo que el uranio.

En las últimas horas se ha registrado un aumento de la temperatura en los reactores 5 y 6. Al parecer hay agua suficiente en las piscinas, pero parece haber un problema en el circuito de refrigeración.

“La situación en el reactor 4 no es exactamente una buena situación, pero el reactor número 3 es la más alta principal”, ha señalado un responsable de la compañía, Tokyo Electric Power Company (TEPCO), en rueda de prensa.

Más tarde, la agencia de noticias Kiodo ha informado citando fuentes gubernamentales que es poco probable que el reactor 3 haya sufrido daños de importancia.

En estos momentos hay 180 operarios trabajando en la central después de que este miércoles se evacuara a gran parte de los trabajadores y que solo 50 permanecieran en el lugar por el riesgo. Sin embargo, la cifra dista de los 800 trabajadores que había en el complejo antes del terremoto del 11 de marzo.

Además, los escombros que plagan las carreteras dificultan la llegada de materiales y está previsto que se construya una vía de emergencia con excavadoras para poder alcanzar el sector donde se encuentra el reactor 4, segunda máxima prioridad.

El martes se produjo una explosión que causó dos agujeros en el edificio que alberga la piscina de combustible nuclear gastado del reactor 4, liberando partículas radiactivas a la atmósfera.

También preocupa la situación del reactor 2, donde se ha registrado una súbita bajada de la presión que, según TEPCO, es un indicio o de que se está enfriando o de que habría una fisura en la vasija. “No podemos estar seguros de si la vasija de contención es o no hermética”, reconoció el portavoz de la compañía.

Fuente: europapress